PELIGRO: CONVENIO

22/03/2019

Hace unos meses se firmó el convenio colectivo nacional para las empresas de peluquería, estética, gimnasios, wellness, spas, etc. En él, entre otras novedades, se fijaban las tablas salariales para los años 2018, 2019.

Siempre se ha dicho que las retribuciones de convenio en el sector de la peluquería son bajas. Y es cierto: todos sabemos que en las categorías principales de un salón sería imposible retener a un buen oficial con esos sueldos. Pero nadie le daba mayor importancia porque, en definitiva, en esas categorías principales, el empresario siempre estaba pagando más que el mínimo de convenio. Otra cosa, ahora que no nos oye nadie, es si ese exceso de retribución se declara siempre en la nómina o no. Pero ya venía bien que en las categorías inferiores los salarios pudiesen mantenerse tan bajos, al nivel del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) que marca el gobierno cada año.

¿Qué ha cambiado este año para que nos hayamos atrevido a titular este artículo con la alarmante señal de peligro? Pues que probablemente quien negoció el convenio por parte empresarial no consideró una variable importante y es que, en la medida en que los salarios más bajos se aproximan al SMI, su cuantía deja de estar en el ámbito de decisión del empresario para pasar a depender del gobierno de la nación.

Y es justamente lo que ha pasado con este convenio: resulta que el gobierno ha decidido que el SMI pase en 2019 de 735 euros a 900. Con lo cual, al no poder existir convenios con retribuciones por debajo del SMI, todas las categorías inferiores del convenio colectivo de peluquería suben automáticamente al SMI. Así, un ayudante que tenía asignado según convenio un sueldo de 808 euros pasará a cobrar 900. Un oficial de segunda que cobraría 860 euros pasará también a los 900.

Eso ya es de por sí un problema para las empresas, que ven cómo, de repente y por decreto, el sueldo de sus empleados más inexpertos sube casi 100 euros mensuales. Pero es que ahí no acaba la cosa: es evidente que las categorías superiores no solo se preocupan por su retribución personal, sino también por el diferencial económico que mantienen con las categorías inferiores. Con lo cual, si los ayudantes pasan a ganar 100 euros más, a los oficiales les faltará tiempo para reclamar un incremento proporcional.

Un salón con cinco empleados pasará a pagar unos 500 euros más cada mes, cotizaciones sociales aparte. Hagan sus números y calculen qué supondrá esto en las cuentas de explotación de sus empresas.

Lo cual debería llevarnos como conclusión a asumir la necesidad de que los convenios colectivos los negocien profesionales del derecho con amplios conocimientos y experiencia, inspirados por empresarios del sector conocedores de la problemática que implica tener empleados. Por muy buena voluntad que ponga, alguien que no tiene y quizás no ha tenido nunca empleados no está capacitado para participar en la negociación de un convenio que puede llegar a afectar a 150.000 personas.